La felicidad es una palabra muy especial para todos, y puede tener diferentes significados, damos mucho sentido  a las cosas por diferentes circunstancias.

Creo que la felicidad puede ser una palabra difícil de definir, asociamos la felicidad con sonreír, con estar satisfechos con nuestros sueños, con obtener o alcanzar metas.

Últimamente escucho que la felicidad es la conexión con pequeñas cosas.

Como Psicóloga me encantaría poder transmitir la fórmula mágica para chicos y grandes, por lo que  investigando y analizando diferentes opiniones de expertos en el tema, familias y personas que me rodean,  encuentro que el amor propio es el principio de la clave.

Aceptarnos a nosotros mismos  sin juzgarnos, entendernos, validar y gestionar nuestras emociones, entre muchas otras habilidades que conforman el amor propio y entonces nos encontramos con otro acertijo por descubrir, “Amor Propio”.

¿Existirán entonces diferentes tipos de amor?, comenzaré por hablar del amor propio que creo es el origen de diferentes tipos de amores.

Amar a nuestras creencias, es decir, darnos la oportunidad de revisar las creencias adquiridas o criadas (las que adquirimos en nuestra crianza, infancia que posiblemente nos transmitieron nuestros padres, maestros, familia), para entonces elegir con cuales nos quedamos, creemos y decidimos  amar, identificando ideales, esquemas de valores, historia y aprendizajes propios.

Amar nuestros recuerdos, sin juzgarnos dejando el torturador hubiera, empatizando y entonces podremos identificar nuestros intereses y nos relacionaremos con personas con ideales o esquemas de valores semejantes. Es por ello que varios expertos mencionan qué  se debe de tener cuidado con las 10 personas más cercanas  con la que convivimos ya que terminamos adquiriendo ciertas características de ellos(as).

También hace tiempo escuche que comprender es aliviar, sin embargo en mí experiencia personal y profesional no sucede tan fácil.  Podemos comprender un suceso, incluso comprender alguna situación que vivimos en el presente o pasado y no por ello aliviamos el sentimiento. Se necesita de una elección más interna, de aceptación  y renunciar a ganancias secundarias a las que tal vez nos hemos acostumbrado y hasta aprendimos a sacar ventaja  o disfrutamos.

Tal es el caso de enfermedades con las que ganamos atención, o el título de víctimas y ser víctima se puede confundir con ser el bueno, incluso puede arrebatarnos la oportunidad de elegir, ¿ o será qué renunciamos a esta oportunidad?. o cuándo sabemos que algo detona un malestar físico u emocional, identificamos el detonante, sin embargo elegimos seguir haciendo lo mismo obteniendo el mismo resultado.

Conocernos, es también parte de amarnos, conocer nuestras reacciones físicas y mentales, ¿cómo reacciono ante el enojo?, ¿en qué parte del cuerpo la siento?, que conducta manifiesto?

Brindarme tiempo de calidad disfrutando de actividades que disfruto realizar y me ayudan a calmar mi mente y cuidar mi cuerpo físico y mental, así mis pensamientos se muestran con más tendencia al positivismo, menos caóticos, mi cuerpo se inflama menos por que es más sano, con menos toxinas.

Quienes somos padres,  frecuentemente nos olvidamos de quienes somos, nos definimos como el papá de … o la mamá de … y entonces que responderías a ¿quién eres?

¿Te gustaría que tu hijo o hija tuviera siempre claro quién es su madre o padre? y más aún, quién es él o ella?

Y entonces creo posible contactarnos con esos pequeños momentos o pequeñas cosas que nos regalan felicidad.

Dando paso al amor de pareja desde un vínculo sano, ese amor que nos da valor y nutre.

También el amor a los hijos, familia, amigos y mundo.

Entonces me atrevo a decir que la felicidad no es aplaudir, sonreír, eso suena más a alegría.

Sin duda la gran aliada de la felicidad, la cual vivo como un estado de paz, dicha y contentamiento.

Paz en el sentido de fé, confianza, saber que lo ocurrido ha sido perfecto por que todo es perfecto, algo que he aprendido de la filosofía  hindú y me agrada, me permite soltar, fluir, esa palabra que suena tan mágica y que implica incluso el soltar el propio peso.

Dicha, por que me brinda la oportunidad de ver lo bueno de cada suceso, incluso del sufrimiento sin la necesidad de sufrir para ser mejor o para enmendar algún error, o como castigo, sino más bien desde la simple aceptación y oportunidad  para mejorar.

Contentamiento, otra palabra que me reto durante mucho tiempo y lo sigue haciendo, ya que me invita a ver en cada acción una oportunidad, sí,  una oportunidad para ser instrumento solo instrumento por que el universo entero es el encargado de hacer.

Y es entonces cuando se perciben las oportunidades para servir, para amar, para vivir, para estar alegre, dichoso, en calma y ser feliz.

 

L.P.E. Arianne Shurave Jiménez G.

 

 

 

 

 

 

 

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